El ciclismo en femenino singular

El blog de Ainara Hernando

¡Allá que voy!

Publicado el septiembre 12th, 2009 por ainara | Tags: General

Bufff, qué cansancio tengo hoy en el cuerpo. Parece que he corrido yo también la etapa porque estoy reventada. Comenzábamos el día temprano, para dejar varios textos preparados y dispuestos a la lectura de todos vosotros. Pocos eran hoy los compañeros que tenían en mente acercarse a la salida de Almería. Más bien ninguno. Pero ayer a última hora logré convencer a alguno que otro y nos hemos acabado acercando hasta la salida, por cierto, con un viento incesante y bastante arena levantada al paso de los corredores para estampar su firma en el control. Y de ahí, a Velefique, el pueblo, donde se ubicaba nuestro punto de parada. Teníamos unos 50 kilómetros desde Almería. Fácil, pensábamos. En menos de una hora nos plantamos allí. Al final nos ha costado casi dos.

 

Entre algún que toro despiste con las carreteras para enfilar la dirección correcta –todo por no hacer casi de mi instinto y fiarse mi compañero de viaje del suyo propio, para una vez que acierto tengo que dejarlo escrito- nos hemos plantado en los últimos 20 kilómetros de carretera general cuando nos topamos delante de nosotros, y sin exageraros en absoluto, con prácticamente todos los autobuses de las escuadras que están corriendo la Vuelta a España. Con lo enorme de sus dimensiones y lo estrechas y curveadas de la carretera, hemos pasado un buen tiempo parados. Y no es que la compañía haya sido mala hoy, ¡ni mucho menos! Pero el viaje se nos ha hecho interminable. Entre atascos, llegar y aparcar, serían las dos y media de la tarde cuando hemos llegado a la sala de prensa, que alguno decía que parecía la sala de espera del paritorio.

 

Una pequeña y rápida toma de contacto con las noticias surgidas durante la mañana y otra vez pendientep5060177 del reloj. A las tres de la tarde teníamos prevista la salida hacia la meta situada en el Alto de Velefique. Nos habían facilitado un autobús para todos los que quisiéramos acercarnos hasta la meta y, como podréis comprender, no he sido yo una de las que no ha subido. Puntuales nos hemos puesto en marcha y no os creáis que con toda la confianza del mundo. Cuando me he subido, no paraban de venirme a la cabeza los recuerdos del año pasado en el Angliru y el mini-bus que se estropeó en una de las curvas del tramo de la Cueña les Cabres. No subía yo en aquel, pero cuando lo vimos, y a todos los compañeros hacer los últimos y duros kilómetros finales nos quedamos paralizados. Afortunadamente, en Velefique no pasó nada por el estilo. Las pendientes aquí no tienen nada que ver con aquellas.

 

Lo más impresionante de todo era el paisaje. Sin árboles, amarillento mezclado con tonos ocres oscuros…totalmente diferente a lo visto hasta ahora, al igual que todo el largo camino hasta el pueblo de Velefique desde Almería. Desiertos con relieve montañoso. Nada más bajar del autobús hemos podido certificar el cambio de temperatura por el desnivel que hemos sorteado en esos once kilómetros de subida, pero qué bien sentaba ese fresquito, la verdad. Lo antes que heos podido nos hemos enganchado a los televisores –cuando nos lo han arreglado- y nos hemos puesto a ver la etapa. La inamovible etapa. Menos mal que un lugareño nos ha alegrado los kilómetros de avanzadilla hasta el último puerto. Mientras todos suspirábamos por un ataque lejano que nos metiera algo de tensión, un hombre se ha acercado hasta nuestra posición con una hogaza de pan enorme. No os exagero si os digo que tenía el tamaño de un niño de unos cinco o seis años.

 

Y claro, con semejante cantidad, le ha dado para repartir entre todos los que estábamos allí presentes.

 

Entre masticar pan y caramelos de esos tan ricos que nuestro compañero Chema Bermejo siempre tiene en el bolsillo los ciclistas han llegado a los pies de Velefique. “¡Por fin!” Decíamos. Esperábamos más espectáculo, no os lo voy a negar. Menos mal que ha habido bonitos detalles como el repentino y durísimo ataque de Robert Gesink y los anteriores de Ezequiel Mosquera, mientras por delante Hesjedal dejaba a David García con las ganas de levantar los brazos. Lástima por el corredor del Xacobeo, que ha realizado buena arte de la ascensión viéndose como ganador, y tirón de orejas para los líderes, que después d la primera gran jornada de montaña estamos igual que si hubiera sido un día de descanso. Las fuerzas van mermando, eso sí, y mañana pasará factura, pero en Sierra Nevada no e pueden permitir desaprovechar la oportunidad los rivales de Valverde para atacarle y sacar unos segundos de renta, si es que de verdad tienen las ganas suficientes como para ganar la Vuelta a España.

 

Tras todo ello y como en todo gran puerto que se precie, tocaba buscar el primer coche que bajara hasta el pueblo de Velefique, es decir, descender esos once kilómetros escalados en el autobús unas horas antes. En la cola esperando el beneplácito de los guardias estaban los compañeros de ETB, Radio Euskadi y Onda Cero con, justo, un espacio libre. ¡Allá que voy! Entre comentarios y risas hemos topado con más de un aletargado y lento conductor que ha propiciado la pérdida de la calma por el momento. Bastaba con un rápido adelantamiento experimentado ya. Mirada al frente, no viene nadie hacia arriba, ¿quién iba a subir? Si lo que quiere todo el mundo es bajar! “Allá que voy!”, decía nuestro conductor. Al final hemos llegado antes que unos cuantos que estaban mejor posicionados en la meta para salir, aunque nadie nos ha librado de la hora hasta llegar al pueblo de Velefique después de haber terminado la etapa.

 

Mañana toca la segunda de las tres grandes etapas de montaña, con todas las esperanzas puestas en que aparezca el espectáculo y, sobre todo, el movimiento entre los favoritos. Esperemos que más de uno entonces el “¡Allá voy!” y se lance al ataque. Por el momento, pocos son también los que mañana se acercarán a la salida, aunque todavía queda tiempo para convencerlos. Desde ahí, Berja, quedarán por delante más de 200 kilómetros hasta la meta de Sierra Nevada .Vamos, como si fuera una etapa también para nosotros. Y cambiar de ciudad y abandonar definitivamente Almería. Con lo bien que se está cuando te quedas más de un día en el mismo sitio y no tienes que estar subiendo y bajando maletas…Mañana pasaremos revista al día.

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