Es cierto eso de que, al final, las cosas acaban encontrando su cauce natural. Lo que en la jerga ciclista se conoce como “la carretera pone a cada uno en su sitio”. Sentencia. A veces demasiado. Sucedió en Annecy, en la contrarreloj que nos dejó boquiabiertos con el impresionante rendimiento
de Alberto Contador. ¡Madre del amor hermoso! ¿Pero este chico tiene moles por piernas al estilo Cancellara escondidas entre su fémur? Potencia excelente la del madrileño ayer, y eso que iba sin referencias, para sentenciar, más si cabe el Tour, que básicamente lo tiene todo dicho desde que atacó en Verbier. Pero no está de más meter uno minutos a tus rivales, para intimidarles a ellos y tranquilizarte a ti mismo. Y, sobre todo ,demostrar que se es el mejor, el más fuerte, aspecto que incluso en su propio equipo no han tenido claro. Contador ha hablado en la carretera, que es donde realmente tiene que hablar ya sabéis los lectores habituales de este blog que para mi es vital. Por mucha palabrería a lo largo de la carrera y antes de la misma, donde se debía poner en escena la fuerza y el reinado del Tour era en el asfalto. Es como el algodón, nunca engaña. Y ésta vez tampoco.
Así sí, sin duda. De forma aplastante, porque no tiene otro calificativo, va a ganar el Tour de Francia Contador. Muchos se apoyan en la esperanza de un desfallecimiento en el Mont Ventoux, sobre todo los seguidores de los hermanos Schleck y ellos mismos, apoyándose en los antecedentes de la París-Niza y la pájara que sufrió el madrileño. Sinceramente, no lo contemplo. Contador ha demostrado tal entereza, fuerza y, sobre todo, seguridad en sí mismo, que mañana no será más que una etapa de trámite para él. Qué cosas tiene la vida, la etapa a la que aguardaba la organización del Tour toda la emoción resulta que va a ser la más transitoria para el maillot amarillo. También la pelea del podium parece sentenciada, aunque el espectáculo se garantiza. Seguro que Armstrong sufrirá ataques por todos los lados y deberá confiar en su experiencia para saber demarrarlos en una ascensión tan larga y dura como la del Mont Ventoux para no perder su tercer puesto que hace honor a una resistencia inquebrantable en las tres semanas de carrera.
Un “así sí” más, ésta vez por Carlos Sastre, que ha rectificado su enfado con la prensa. No estábamos acostumbrados a oír de la boca del bueno de Carlos palabras como las que dijo en la segunda jornada de descanso. Yo fui la primera que pensé que se había ido de órbita, porque, tal y como es, tranquilo, sereno y sobre todo siempre correcto y educado, no era ni mucho menos normal ésa reacción, fruto, por lo que él mismo ha aclarado de la presión a la que él mismo se ha sometido antes y durante el Tour. Cuando uno se pone una meta ambiciosa y no la consigue afloran siempre los agobios, los bajones y el malestar con uno mismo y siempre se acaba descargando, como tormentas. Nos pasa a todos, porque somos humanos. A Sastre también, incluso en toda su inmensa tranquilidad a veces se explota. Pero, como las explosiones, también errar es de humanos, y reconocerlo te hace más humano y más cercano aún de lo que ya lo es el abulense. Un campeón con todas las palabras.





