El ciclismo en femenino singular

El blog de Ainara Hernando

God bless you, América

Publicado el enero 21st, 2009 por ainara | Tags: General

Resulta curioso, y no menos impactante observar cómo diferentes hechos ‘históricos’ que aparentemente nada tienen que ver y que se dan en un mismo espacio de tiempo aparecen en nuestra sociedad indirectamente relacionados por las tendencias a los que la sociedad seguimos o iconos en los que el mundo se fija como ejemplares. Esos modelos  seguir cambian a lo largo de los años y, lo que hoy es negro, mañana puede ser blanco. La opinión pública demoniza e idolatra a unos u a otros dependiendo de las circunstancias y de los hechos. Una misma persona puede ser hoy un héroe nacional y dentro de unos años convertirse en la reencarnación de Satanás. Y es que, como dijo recientemente Joaquín Caparrós, entrenador del Athletic de Bilbao, “en el fútbol se pasa de puta a monja en cinco minutos”. Cuestión de tiempo. Cura las heridas.

 

Si tendríamos que señalar hoy mismo una persona representativa e icónica de nuestro mundo más actual, todos coincidiríamos en señalar la figura de Barack Obama, el recién condecorado presidente de los Estados Unidos, que ha sabido ‘meterse en el bolsillo’ a todos sus votantes, incrementar el número de activistas demócratas en su país y, lo que es más chocante, llegar incluso a gustar a los votantes republicanos que se decantaron por John Mc Cain en los comicios generales de pasado mes de noviembre. Obama encarna hoy por hoy la imagen de una América más unida que nunca. Juntos por un nuevo destino. Por un cambio.

 

Si reducimos la búsqueda de esa imagen encarnada en una persona al mundo del ciclismo, nadie pondrá en duda que la primera plana se la lleva Lance Armstrong, el texano que un buen día se cansó de estar “tres años sentado en el sofá bebiendo cerveza”, tal y como él mismo ha asegurado y se puso el traje de héroe, reconvertido en azul turquesa de Astana para regresar al mundo de los pedales que tantas glorias le trajeron en un pasado que nadie sabe si volverá. Armstrong. Otro americano, otrora odiado por buena parte del sector ciclista, especialmente de la gala. Ahora, los franceses parecen no ver con tan malos ojos su vuelta. Ya no se le demoniza. Por lo menos, hasta ahora, porque la susodicha frase de Caparrós es como para guardarla en el baúl de las grandes verdades del mundo. Pero los tiempos cambian y las circunstancias también.

 

El mundo en general, y el del ciclismo en particular también estaban ávidos de una buena nueva. De una esperanza positiva. Y, en sus respectivos planos, la llegada de ambos lo es. Tres millones de personas se agolparon en los kilométricos jardines de la Casa Blanca para escuchar el discurso de investidura de Obama y ser testigos de la toma de posesión del primer presidente negro de los Estados Unidos. Unas trece horas antes debido al cambio horario, Lance Armstrong se colgaba su primer dorsal en una competición oficial (la del domingo fue más un criterium festivo que una carrera) y congregó en las calles de Adelaida a centenares de aficionados deseosos de verle.

 

Obama ha conseguido que los americanos se vuelvan a interesar por la política, que les atraigan los debates a altas instancias y, lo que es más importante, que buena parte del mundo vea a la primera potencia mundial con ojos más amables. Sin tanto odio. Al heptacampeón del Tour de Francia le persigue una nube de periodistas allá donde va. Sea en California, Francia o Australia. Sin ir más lejos, Teledeporte ofrece a diario el Tour Down Under por su canal, emisiones que no se hubieran contemplado sin la presencia de Lance Armstrong. Todos parecen contentos con su regreso. Se coincide también al señalar que su sola presencia es positiva, porque con él en las carreras se habla solo de deporte, de ciclismo. Sin agujas, ni positivos de por medio. Ahora, los ídolos nos llegan de esa América que con George Bush detestábamos.

 

En su discurso, Obama dijo que “debemos levantarnos, sacudirnos el polvo y comenzar la tarea de reconstruir los Estados Unidos”. Lo dije el jefe. Armstrong no predica, pero también está comenzando a sentir el peso del liderazgo en el mundo de los dos pedales. Él deberá entonar ese mismo discurso, como cabeza del ciclismo. Toca levantarse de tantos golpes en forma de positivos por EPO, CERA y transfusiones. Habrá que sacudirse ese polvo, abandonarlo de una vez por todas y, lo que es más complicado, se precisa urgentemente reconstruir el ciclismo como América, sobre unos cimientos y bases éticas y legales nuevas. Obama ya se ha apresurado en sus primeras horas como presidente a ordenar el cese temporal de los juicios pendientes en Guantánamo. El primer paso para cerrar la cárcel cubana.

 

 

 

 

 

¿Podrá Armstrong, con la revolución mediática que arrastra consigo conseguir parar el reguero de casos positivos durante esta temporada? En cualquiera de los casos y sucediendo lo que el tiempo nos irá enseñando a lo largo del año, tanto Obama como Armstrong se han tornado en sendas figuras heroicas, patrióticas por su puesto, y salvadoras de un mundo en crisis y en depresión tras la desastrosa era Bush, y de un ciclismo que, poco a poco se va levantando de los mazazos de la Operación Puerto. Los nuevos ídolos nos llegan desde el otro lado del Atlántico. Ya no hace falta odiar a la gran potencia. Ahora vienen a salvarnos, y es en este momento cuando tenemos que entonar, más que nunca ese “Yes we can”. God bless you, América!

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