Es lo que tienen las etapas de alta montaña en una vuelta grande. Accesos cortados para todos, incluso para la prensa. Teníamos habilitados autobuses que nos llevaban hasta la meta los últimos siete kilómetros pero que tenían su salida cuatro horas
antes del horario en el que estaba prevista la llegada de los corredores. Por tiempo, hemos preferido acercarnos hasta un paso por uno de los muchos puertos en la primera etapa de montaña de la Vuelta. Y digo hemos, porque hoy he estado estupendamente acompañada por mi compañero Alex Andrés Sánchis, con el que, después de la salida en Alzira nos hemos encaminado por las mareantes carreteras valencianas. Abandonaba hoy a mis dos queridas amigas, Laura y Julia, asistentes y siempre pendientes de mi. Estupendas. Pero antes de todo ello hemos tenido la oportunidad de disfrutar por la mañana de la visita de Kike Gutiérrez y Didac Ortega. Ataviados ambos con sus respectivas equitaciones parecían dos ciclistas más participando en la Vuelta a España. Qué pena que ni el Rock&Racing ni el Acqua&Sapone lo estén haciendo.
Después de ver el paso por el puerto nos hemos encaminado hacia los últimos kilómetros. Al filo de las tres de la tarde nos hemos instalado y terminado de decidir dónde queríamos preenviar cada uno los últimos kilómetros de la etapa. Alguno en las rampas, otros enfrente del televisor…yo no tenía dudas: a meta. Ya que estábamos allí, ¿nos íbamos a quedar sin ver la subida final y la llegada en directo? Tocaba entonces hacer una especie de auto-stop previo para hacer los últimos y durísimos siete kilómetros hasta la meta. Todos los equipos preparaban bidones y maillots en los autobuses para subir con un solo coche hasta la llegada.
Los “afortunados”, pobres desgraciados en aguantar mi presencia ha sido el Caisse
d’epargne. Con Vicente Iza, masajista, al volante, paciencia y saber estar infinitas hemos hecho los últimos siete kilómetros. Y claro, yo de paciencia no tengo nada. ¡Vaya siete kilómetros más interminables! Entre el gentío, espectacular en cuanto a cantidad por toda la ascensión, y las rampas hemos tardado una media hora en llegar hasta meta. Allí, la niebla poco a poco iba cerrando el bonito paisaje, una pena, porque por lo poco que se veía era realmente precioso. Al que sí hemos podido ver es a Damiano Cunego dejando a Moncoutié sin su premio más que merecido después de una fuga tan larga, pero así es este deporte, a veces tan justo con los que se esfuerzan y otras veces tan malévolo. El francés estará maldiciéndose a sí mismo a buen seguro en estos momentos y no le será fácil conciliar el sueño, al contrario que a Alejandro Valverde, estrategia perfecta la suya y la de su equipo hoy.
Mañana en Xorret del Cati no se desgastarán para defender un maillot amarillo que lo tienen a tiro. Dos segundos con Cadel Evans, un hombre en teoría mejor contrarrelojista que el murciano pero con menos explosividad en montaña. Y, si por algo se caracteriza esta Vuelta es por su gran cantidad de dureza y sus pocos kilómetros contrarreloj, por lo que Valverde disfruta ahora de una gran posición para no cansarse demasiado pero poder controlar bien la carrera con los dos escasos segundos que le separan de Cadel Evans y que mañana pueden auparle al liderato, dada la explosividad de Xorret del Catí y lo adecuada de la ascensión.
Lo más rápido que hemos podido, algo más de media hora después de que llegara Cunego a meta, varios compañeros nos hemos infiltrado en el coche de la Radio Gallega y corriendo hasta la sala de prensa para terminar el trabajo del día. Y de ahí, a Alcoy, a descansar, que es a lo que ahora mismo me dispongo, porque yo, como los ciclistas, también noto que se acumula el cansancio poco a poco

1 comentario hasta ahora
1 PEDRO // sep 7, 2009 a las 22:17
Buenas intrépida. Ya veo que no paraas y das la coña a los masajistas para que te lleven jeje. Yo era igual y me buscaba la vida. Por cierto que algunas etpas las segui en varias vueltas con CHICO PÉREZ pero ahora somos de otro bando….
Agur maitane
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